Hablar del pudor es hablar del claroscuro de la naturaleza humana y dado que estamos en un puesto intermedio entre lo divino y lo animal pienso que es de vasta complejidad el tema a tratar.

Empezaré por una pregunta: ¿Sabemos, conocemos la diferencia entre lo natural y lo cultural?

Algunos sentencian que el pudor es instintivo y viene dado en los genes de la naturaleza humana. Otros dicen que mitad y mitad habrá parte natural, pero que el mayor porcentaje es cultural.

¿Entonces donde está el origen del pudor?

“Entonces se les abrieron los ojos y conocieron que estaban desnudos y entrelazaron hojas de higueras y se hicieron ceñidores”.

Inmediatamente después de comer el fruto prohibido ya que antes se les estaba permitido el “atrevimiento” de verse y sentirse como “imagen de Dios”.

Es justo en este momento de la historia de la cultura que se dio el pecado original y fijó el origen del pudor, exactamente con la cita anterior de Libro del Génesis 3,7.

Por esta razón, en la vergüenza entra en contacto de una forma singular y oscura “espíritu y carne”, eternidad y temporalidad, esencia y existencia. Todos los distintos tipos de pudor están supeditados a cambios históricos, regiones, géneros, edades, pero todas están contenidas en avergonzarse en la propia vivencia ante el “otro o lo otro”.

 

El ser humano como puente entre lo divino y lo animal es el único que puede avergonzarse. Ningún Dios ni ningún animal lo hace, según Max Scheler el hombre se avergüenza de sí mismo y “ante el Dios que hay en él”.

Hay una cosa que es urgente de reconquistar, la recuperación del ser humano en su corporeidad constitutiva de su sí mismo. El cuerpo de la persona, la persona corpórea nos preocupa y en este artículo nos ocupa.

Se podría distinguir dos formas de pudor, uno vital o vergüenza corporal y, el otro espiritual o vergüenza anímica. El pudor sexual adquiere relevancia dentro del pudor corporal por representar mejor la tensión existente entre el amor vital y el impulso instintivo.

El pudor es la tendencia, del todo particular del ser humano, a esconder sus valores sexuales en la medida en que serían capaces de encubrir el valor de la persona, entendiendo por persona lo más conseguido de la naturaleza. El pudor es un movimiento de la persona que no quiere ser un objeto de placer, ni en el acto, ni siquiera en la intención, sino que quiere por el contrario, ser objeto de amor, es decir respeto.

Como la persona no sólo es su cuerpo y su sexo, reducirlo a esto sería seguir sexualizando el cuerpo en su totalidad, simplemente por dejar al descubierto los genitales, cuando estos también son elementos funcionales y vitales.

En este caso estamos olvidando la otra dimensión del cuerpo, la espiritual y la emocional, la verdad entera y completa sobre la persona. El cuerpo en su total dimensión, no solo como objeto por ser un ente físico, fisicidad y espiritualidad, por eso decimos que el cuerpo es un territorio habitado.

Cuando hay amor en la persona todo es respeto por sí mismo y por los otros, entendemos amor por el máximo respeto, no amor sexual. En cuanto se cosifica a la persona se está sexualizando toda la dimensión corpórea olvidando lo que habita, su conexión con el universo y con la naturaleza.

El ser humano es intrínsecamente somático y sexuado y en el pudor convergen metafísica, antropología y ética.

 

José Antonio Faraco
Bollullos par del Condado a 13/03/21
Extracto del ensayo en fase de realización.
“Lo humano entre lo cultural y lo natural”.

*Las fotos estas sacadas de Internet.

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